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Casas Colgadas de Cuenca: lo que empieza después de la fotografía

Tras los balcones sobre el Huécar hay restauraciones y una decisión de Fernando Zóbel: dar una casa al arte y evitar que una colección se dispersara.

WAONDEREspaña / Cuenca
Interpretación de las Casas Colgadas sobre la roca del Huécar, con revocos claros y balcones de madera apoyados en la fábrica.

Hay edificios que parecen existir para una fotografía. Las Casas Colgadas de Cuenca podrían ser uno: madera oscura, roca clara y el vacío de la hoz bajo los balcones.

Pero la imagen más conocida solo cuenta el principio. Detrás hay casas que cambiaron mucho y personas que encontraron en ellas un lugar para algo que todavía no tenía suficiente espacio: el arte de su tiempo.

La próxima vez que las mires, haz dos preguntas. ¿Cómo se sostienen? ¿Y qué hizo que volvieran a tener vida?

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Antes del vértigo, los apoyos

Los balcones se asoman a la hoz del Huécar. Acércate a sus detalles desde un punto seguro: las barandillas, los postes delgados y las tornapuntas que regresan al muro hacen visible el trabajo que hay detrás de esa silueta.

Detalle de los postes, barandillas y tornapuntas de un balcón de madera sobre la fábrica.Ilustración de los apoyos de madera y su unión con el muro.

Mirar un apoyo puede ser tan sugerente como mirar el vacío. Devuelve el edificio a una escala humana: la de quienes trabajaron la madera y buscaron sitio junto al borde de la ciudad.

La información turística municipal describe tres antiguas casas palaciegas de origen incierto. En sus interiores conviven techos de vigas labradas, elementos mudéjares y decoraciones de épocas posteriores. La fachada que todos reconocemos guarda una historia menos uniforme de lo que parece.

La restauración también forma parte de la historia

Su aspecto no es una fotografía inmóvil de la Edad Media. Tras un periodo de abandono, las casas se restauraron profundamente en los años sesenta del siglo XX. La portada renacentista que da acceso al conjunto procede, además, de otro edificio, en Villarejo de la Peñuela.

Busca esa portada cuando te acerques por el lado de la calle. La piedra viajó desde un palacio de otra localidad hasta este borde de Cuenca; las casas, a su vez, pasaron del abandono a convertirse en un símbolo cuidado de la ciudad. Su historia no está solo en lo que resistió, sino también en lo que hubo que recuperar.

Una colección que no debía dispersarse

Fernando Zóbel llevaba años reuniendo obra de otros artistas. Quería que pudiera conocerse en España y que no se dispersara. Encontrar un espacio adecuado era parte de ese deseo.

El archivo de la Fundación Juan March cuenta que Gustavo Torner sugirió en 1963 las Casas Colgadas, entonces en reconstrucción. Torner aportó también criterios decisivos de diseño y funcionamiento del museo; Gerardo Rueda participó como conservador.

Un plano sencillo y estudios abstractos sobre una mesa, junto a una mano que coloca una hoja.Ilustración evocadora de la preparación del museo; planos y estudios no atribuidos a sus fundadores.

No era solo encontrar paredes donde colgar cuadros. Era pensar cómo una persona se acercaría a una obra, qué vería a continuación y qué luz la acompañaría. Una colección privada empezaba a convertirse en una experiencia compartida.

Mirar desde dentro

El Museo de Arte Abstracto Español abrió el 1 de julio de 1966. Su colección reúne pintura y escultura de artistas como Antonio Saura, Eusebio Sempere y el propio Zóbel, según la presentación municipal del museo. En 1980, Zóbel donó su colección a la Fundación Juan March, que continúa ampliándola.

Dentro cambia la dirección de la mirada. Desde fuera observas casas que se asoman al paisaje; desde dentro, el paisaje entra en el edificio. El contraste entre obra contemporánea, espacios antiguos y ventanas es una buena razón para no quedarse solo con la vista exterior.

Una visitante sentada ante ventanas rectangulares que enmarcan roca caliza y vegetación.Ilustración evocadora del paisaje visto desde el interior, no de una sala o exposición concreta.

Las reformas documentadas por el Ayuntamiento recuerdan que esta adaptación no terminó en 1966. Mantener un museo vivo exige seguir cuidando tanto el edificio como las obras y las condiciones de visita.

Una visita con dos tiempos

Dedica primero un momento a observar el conjunto desde los espacios habilitados. Después, si el museo está abierto y te encaja, reserva otro rato para el interior. Consulta la información del museo enlazada desde la ficha municipal para horarios, acceso y posibles cambios; no todos los balcones son espacios de libre salida.

El casco histórico tiene desniveles. Adapta el recorrido y no busques una fotografía acercándote a bordes inseguros. Nuestra selección de lugares de Castilla-La Mancha propone otras salidas para días distintos.

Quizá regreses con la misma fotografía de los balcones. Pero también con algo que no cabe en ella: la historia de quienes quisieron que unas casas antiguas fueran un lugar donde el arte pudiera quedarse y encontrarse con otros.

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