Torre de Hércules: el faro que cambió de piel para volver a guiar
Dentro del faro de A Coruña hay otra torre. Descubre el nombre romano, la decisión de conservarla y las pistas que puedes reconocer desde fuera.

Puedes reconocer la Torre de Hércules mucho antes de saber qué estás mirando. Una silueta al final de un paseo, una luz junto al mar, la torre que aparece una y otra vez en las fotografías de A Coruña.
Pero hay algo que esa familiaridad esconde: dentro de la torre que ves hay otra, romana. No una réplica ni unos pocos sillares aprovechados. El corazón antiguo sobrevivió porque, siglos después, alguien decidió que merecía seguir trabajando.
Su historia no es la de una luz que nunca se apagó. Es más humana: hubo abandono, piedras que se llevaron y personas que encontraron una manera de recuperarla.
Descubre la Torre de Hércules con WAONDERPrimero, mira la piel
Acércate con una pregunta sencilla: si es un faro romano, ¿por qué tiene ese aspecto tan ordenado?
Las caras rectas, los marcos de las pequeñas ventanas y el revestimiento de granito pertenecen a una gran transformación de finales del siglo XVIII. La UNESCO explica que esa intervención protegió el núcleo romano. Lo antiguo no desapareció detrás de lo nuevo: quedó cobijado por ello.
Estudio pictórico de la fachada actual: no representa el aspecto del faro romano.
Desde el camino puedes seguir las bandas diagonales, buscar los huecos abiertos y distinguirlos de los vanos ciegos. Al levantar la mirada, el cuerpo cuadrado da paso al remate octogonal. Las bandas, los vanos ciegos y el remate permiten seguir esa transformación sin entrar en el edificio.
Un nombre a los pies de un gigante
Hércules ocupa el nombre. Sin embargo, junto a la base se conserva una huella mucho más cercana a una persona real: una inscripción votiva de Gayo Sevio Lupo, arquitecto procedente de Aeminium, la actual Coimbra.
La explicación municipal del interior y sus inscripciones lo presenta como probable autor del proyecto. La dedicatoria está dirigida a Marte y se conserva protegida por una pequeña construcción posterior.
La torre ocupa el horizonte; su probable arquitecto aparece en unas líneas a ras de suelo. La inscripción reúne un nombre, una ciudad de origen y un oficio. A diferencia del héroe del título, Sevio Lupo dejó una huella que todavía puede estudiarse.
También hubo años sin luz
La imagen de un faro romano que ha iluminado todas las noches durante dos mil años es poderosa. Pero borra parte de lo que hace extraordinario a este lugar.
Con la descomposición del mundo romano y los cambios en la navegación, la torre perdió protagonismo como señal marítima. Sirvió como atalaya y sus piedras llegaron a reutilizarse en otras construcciones. Turismo de Galicia recorre esas etapas de deterioro y recuperación.
La rampa exterior que permitía ascender se arruinó. La torre seguía allí, pero mantenerse en pie y poder prestar servicio no eran lo mismo. Su supervivencia no estaba garantizada solo por ser antigua.
Repararla, no empezar de cero
A finales del XVIII, el tráfico del puerto y la importancia marítima de la zona hicieron urgente mejorar la señal. Existía una decisión de fondo: sustituir el viejo edificio o aprovechar lo que todavía podía sostener.
El relato del Ayuntamiento sobre la restauración explica que el informe de Manuel de Navacerrada defendía conservar la estructura romana. La solución tenía sentido económico y preservaba un símbolo de la ciudad.
Evocación del trabajo técnico del siglo XVIII; no son retratos de Giannini y Cornide ni la reproducción de un plano histórico.
En 1788 se autorizó la intervención. El ingeniero Eustaquio Giannini preparó el proyecto con la colaboración del estudioso coruñés José Cornide. Los conocimientos de Cornide sobre la torre ayudaron a Giannini a trabajar sobre los restos que se conservaban.
Conservar los muros no resolvía todo: también había que mejorar la luz. Cuando llegó de Londres un nuevo sistema a finales de 1799, su coste obligó a organizar una colecta popular para pagar parte de la instalación. La recuperación del faro necesitó ingeniería, investigación y dinero reunido fuera del propio edificio.
La escalera también tiene una historia
El interior guarda otra sorpresa: la escalera de piedra que comunica sus niveles no es la antigua rampa romana. Para recuperar el acceso a lo alto se habían abierto pasos en algunas bóvedas; la rehabilitación del XVIII incorporó la robusta escalera posterior.
Ilustración de la escalera de piedra incorporada tras la etapa romana.
Ese recorrido por dentro permite entender que conservar no siempre significó dejar todo intacto. Cada adaptación resolvió una necesidad y dejó una marca. La torre que ha llegado hasta nosotros contiene también esas decisiones, no solo su primer momento.
Hércules pertenece a otro tipo de memoria
¿Y el héroe? La tradición recogida en la web municipal vincula a Hércules con la derrota del gigante Gerión y la fundación de una ciudad.
Es una leyenda, no la explicación arqueológica de la obra. Pero ayuda a entender por qué una comunidad ha contado durante siglos algo más que medidas y materiales alrededor de este faro. La piedra conserva una historia; el nombre conserva otra.
Tu próximo paseo puede empezar por fuera
Aviso para octubre y noviembre de 2026: al revisar este artículo, la web oficial anunciaba el cierre del interior del 1 de octubre al 15 de noviembre por mejoras eléctricas. Consulta allí el estado actualizado antes de organizar una subida. El CIAV es el punto de información; respeta los cierres y el balizamiento de obras.
Esta lectura del lugar puede acompañar un paseo por los espacios exteriores autorizados. Elige un día adecuado, sigue los caminos y no te acerques a las rocas expuestas al oleaje. No necesitas llegar hasta la linterna para reconocer lo que acabas de descubrir.
Evocación marítima de la torre al anochecer.
Antes de volver, dedica una mirada al mar y otra a la torre. La primera explica para qué se levantó. La segunda, cuánto hubo que cambiar para que siguiera teniendo sentido.
Si te apetece continuar, nuestra selección de lugares e historias de Galicia propone otras salidas independientes. La próxima vez que veas el faro desde lejos, la piedra romana, la obra de Giannini y aquella colecta compartirán la misma silueta.
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